La canción.

La anciana canturreaba entre dientes aquella letanía, mientras daba forma a la servilleta de papel mirándome de reojo. Al terminar la figura, la ponía sobre la mesa, acercándomela, y me lanzaba una mirada interrogante.
"¡Una mariposa!" le respondía yo.
Ella, desilusionada, cerraba brevemente los párpados y haciendo gala de una agilidad sorprendente, se levantaba de la mesa y desaparecía tras la puerta sin decir una palabra. Así cada domingo, una semana tras otra.
Mi padre, absorto en su periódico, nunca parecía darse cuenta de nada.
Con el tiempo, me fui olvidando de la anciana, de sus figuras y casi hasta de mi padre, pero nunca pude olvidar aquella canción.
Ahora, treinta años más lejos y a más de mil kilómetros de allí, aquella música vuelve a mis oídos. No, no la estoy imaginando, alguien la canta a escasos metros... el mismo tono, la misma voz. Instintivamente giro la cabeza buscando a mi padre, pero estoy solo entre el gentío. Unas mesas mas allá, la misma anciana me mira de reojo mientras termina su figura de papel. Incapaz de moverme, la miro incrédulo, sabiendo que volverá a lanzarme su mirada interrogante. Al menos ahora... se que no es una mariposa.

La razón de las emociones y las emociones de la razón.



Una emoción es el futuro impacto, más o menos inmediato, que producirá en nosotros un hecho ajeno, un acontecimiento externo.
Es la consecuencia, el producto de procesar intelectualmente un hecho exterior, ajeno o no a nosotros, según los filtros que cada uno posea.
El hecho, una vez procesado, pasará a formar parte de nuestro intelecto, y se convierte en una influencia más. En una emoción.
Y la razón, el intelecto en sí, es la herramienta lógica para tratar de entender, de protegerse; es el filtro y el proceso.
El intelecto estaba antes, pero como una pagina en blanco. Necesita por tanto aprender, imprimirse, pero al hacerlo se contamina. Influencias.
Se puede deducir que toda influencia es perversa, porque contamina, pero es necesaria. Es evolución. Positiva o no. A veces incluso involución. Pero sin ellas no hay aprendizaje.
Es fácil concluir por tanto que emociones e intelecto son ya la misma cosa una vez los hechos circundantes han sido absorbidos, procesados.
Si asumimos esta premisa, lo importante entonces son los filtros.
De la calidad de los mismos dependerá el grado de entendimiento... y de coherencia.
De no fluir así no seríamos humanos. Al menos no estos que conocemos.
Lo importante entonces es el intelecto. Las emociones, con práctica, se dominan.
El problema es que sin ellas… el mundo se queda sin alicientes. Al menos para la mayoría. De ahí la confusión.
De los filtros ya hablaremos.