Condiciones.


Para que eso que llamamos “amor” tenga cierta durabilidad, y siempre según mi experiencia, necesitan darse tres condiciones.
La primera, y condición “sine qua non” para que se inicie el proceso, es ese inexplicable torrente que por mucho que intentemos encontrarle una explicación lógica no lo conseguiremos, ya que no se ajusta a ningún guión ni obedece secuencia alguna, por ser la más… animal. Y la más efectiva; la química.
Al no encontrar una causa racional que la justifique, pasaremos a la siguiente.
La siguiente sería la brisa, una suave y perfumada brisa que corra ligera entre ambos y que evite la asfixia, la saturación o el cansancio. Una convivencia continua no siempre permite respirar con libertad.
La tercera sería la confianza.
La suma de las tres nos daría la complicidad.
Después ya vendría la evolución de cada uno. Y contra eso…