Elucubraciones de verano

En este escenario en apariencia exánime, en el que todos y cada uno de los seres vivos que lo habitan forman un enjambre de redecillas captoras, grávidas y embutidas, sin otra finalidad que la de provocar y absorber emociones, la Libertad es, con seguridad, inversamente proporcional al tamaño del ego que se posea. A más ego… más dependencia, menos Libertad por tanto, y a más Libertad menos dependencia y más inútil el ego.
Añadamos a este binomio una tercera variable; la Verdad, también con mayúscula para distinguirla de esa otra verdad que se da por absoluta porque aporta alguna esperanza, o porque con ella de la mano se puede pertenecer a un clan, sintiéndose así parte de algo.
La Verdad camina desnuda, se le desprende cualquier adorno que intentes ponerle y nunca te dará calor. Pocos quieren andar con los pies fríos… pero aligera la mochila y te hace más libre.
Se dice en psiquiatría que el ego debería cultivarse durante la primera mitad de la vida porque ayuda a formarse y a desprenderse de miedos, para destruirlo en la segunda mitad, puesto que pierde su utilidad y solo representa un lastre. Yo también lo creo.
Si nos atreviéramos a definir la Libertad, diríamos que es la ausencia del ego.
Si fuéramos capaces de descubrir la Verdad, diríamos sin dudarlo que la causa fue la misma.
Al final, la Verdad y la Libertad caminan juntas, y todos las buscan pero nadie las quiere… no arropan, no sabríamos qué hacer con ellas.

"La verdad es como una manta que siempre te deja los pies fríos. La estiras, la extiendes pero nunca es suficiente. La sacudes, le das patadas, pero no llega a cubrirte. Y desde que llegamos llorando hasta que nos vamos muriendo, solo nos cubre la cara, mientras gemimos, lloramos y gritamos".


De ‘El club de los poetas muertos’.